A su vez, en el campo de la comunicación se ha producido, de forma paralela, una convergencia empresarial. Todos los principales medios de comunicación están concentrados en pocas empresas que forman grupos de comunicación, entre las que en España destacan Prisa, Unidad Editorial, Vocento, Planeta, Intereconomía Corporación... La principal consecuencia que esto conlleva es la polarización de los posibles puntos de vista. Aunque, aparentemente, la gran cantidad de medios debería reflejar toda la diversidad social existente, lo cierto es que solamente se exponen aquellos que interesan a la empresa por razones económicas e ideológicas.
La complejidad de muchos acontecimientos hace que su simple observación no sea suficiente para entender todas las conexiones con otros, ya sean precedentes o posteriores. Por este motivo, la realidad sigue siendo presentada a través de una mediación que, entre otras cosas, implica una interpretación de la misma. Pero sería mucho más interesante si esta labor fuese llevada a cabo desde unos puntos de vista diferentes a los habituales, algo imposible con el actual sistema empresarial descrito anteriormente.
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| Fuente: Arsdigitalis.com.ar |
En estas condiciones, el determinismo tecnológico ha conseguido generar un debate acerca de si la digitalización puede suponer una revolución o no. Hasta el momento no lo ha sido, ya que no se ha producido una ruptura con el sistema capitalista precedente. Además, su aparición y desarrollo siguen ligados a intereses particulares estrechamente relacionados con el poder.
Aunque la tecnología por sí misma nunca implica una revolución, en el hipotético caso de que se produjese tampoco sería la primera de esta magnitud. Mucho antes de la conquista del tercer entorno (concepto utilizado por Javier Echeverría en Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno) ya se habían producido dos cambios similares: la de la naturaleza mediante la sedentarización, y la de la ciudad gracias a la urbanización. Tampoco hay que olvidar que dichos entornos no sustituyen a los anteriores, sino que se solapan y complementan, por lo que la idea de que la virtualidad sustituirá por completo a la realidad no tiene ningún fundamento.

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