miércoles, 26 de enero de 2011

El control sobre el Periodismo electrónico

Fotografía: Ecobierzo.org
A pesar de que, aparentemente, existe una gran libertad de actuación en Internet, lo cierto es que existen elementos de censura y control que pueden llegar a condicionar el uso de la Red. Por este motivo, el acceso a unos determinados contenidos está restringido en algunos lugares del planeta. La excusa principal para desarrollar estas medidas suele ser el peligro que puede correr la estabilidad de algunos gobiernos. Por norma general, la libertad de expresión tampoco está permitida en esos territorios, a pesar de que el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos recoge lo siguiente:
"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión."
Pero las mismas herramientas de control se emplean también en los países democráticos, aunque de una forma más moderada. La navegación por la Red por parte del usuario deja una serie de huellas que quedan registradas, las cuales pueden ser investigadas, por ejemplo, ante un supuesto peligro de terrorismo. En 2001, George Bush, entonces presidente de Estados Unidos, permitió que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) interceptase durante seis años las comunicaciones de cualquier sospechoso, sin necesidad de obtener una autorización judicial.

La otra cara de la moneda es radicalmente opuesta a esa realidad. Al mismo tiempo que se cuidan algunos aspectos, otros carecen de un mínimo control. Aunque en España la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal concede a cualquier persona el derecho de poder rectificar o cancelar toda información recogida en una base de datos, su puesta en práctica se complica cuando es de carácter global. Los buscadores como Google se refugian en que solamente apuntan hacia algo que existe en otro lugar, eludiendo cualquier responsabilidad sobre esos contenidos externos. Aunque aseguran no poder silenciar los resultados existentes ante una búsqueda, resulta contradictorio saber que eso sí es posible cuando se convierte en un requisito indispensable para poder ofrecer su servicio en aquellos países que más control ejercen en la Red.

Detrás de todo esto existe un grave peligro: la pérdida de la neutralidad de la Red. Por ejemplo, un bloqueo de las redes P2P bajo una supuesta protección de posibles derechos de autor ya implica una auténtica intervención de la información que circula. Desde el momento en el que aparece cualquier tipo de censura, se termina con la igualdad de posibilidades existente entre un medio convencional ya asentado y otro alternativo. A su vez, esto conlleva una pérdida de pluralidad de opiniones, algo que influye negativamente en el mantenimiento de una democracia. Por ello, es necesario proteger esta neutralidad, evitando el establecimiento de oligopolios en un lugar en el que las barreras de entrada han sido, hasta ahora, casi inexistentes.

Uno de los pocos impedimentos que existen está relacionado con la brecha digital. El hecho de que la mayor parte de la población mundial no tenga acceso a Internet hace que se pierda su carácter universal. Por este motivo, la pluralidad de la que se ha hablado anteriormente nunca llega a ser tan amplia como la que existe en la realidad. Otro aspecto negativo supone la invisibilidad de gran parte de la información, a la que no pueden acceder los buscadores. No siempre es algo premeditado, ya que en ocasiones se penalizan determinadas actitudes, perjudicando al usuario final. Para evitar esto existe el término de web semántica, en la que se debe conseguir la desaparición de todo ruido y silencio documental a la hora de realizar una búsqueda. Todo el desarrollo que se ha producido acercan cada vez más la posibilidad de que el usuario pueda comunicarse con la máquina con el lenguaje natural, evitando códigos especiales. Dicha naturalización podría dificultar, al menos por un tiempo, los sistemas de control empleados sistemáticamente, e incluso defender la permanencia de la neutralidad.

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