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| Fotografía: Álvaro Tercero |
Los
cambios tecnológicos que se han producido, especialmente en las dos últimas décadas, han dado lugar a una nueva concepción del periodismo. Con ellos, algunos aspectos nuevos han surgido, y otros se han desarrollado en una dirección diferente a la que llevaban anteriormente. Pero todas estas modificaciones no han finalizado: están constantemente evolucionando, al igual que la tecnología de la que dependen. Este es el principal motivo por el que todavía no se puede hablar de una revolución en esta profesión.
La primera nueva propiedad del periodismo es su mayor
universalidad, ya que el acceso a la información no está condicionado, como ocurría tradicionalmente, a un emplazamiento geográfico. Antes, por ejemplo, un ciudadano de La India no tenía acceso a la información publicada en los medios de comunicación de su propio país si se encontraba en España. Pero ahora esa misma persona podría consultar los medios digitales de allí simplemente mediante una conexión a Internet. Sin embargo, no todo el mundo tiene posibilidad de acceso a la Red, por lo que la universalidad se reduce con esta brecha digital. A esto hay que añadirle el hecho de que muchos de los que sí pueden acceder, no optimizan ese gran abanico de oportunidades que tiene delante. De nada sirve disponer de la tecnología adecuada si no se aprovecha.