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| Fotografía: Álvaro Tercero |
Los cambios tecnológicos que se han producido, especialmente en las dos últimas décadas, han dado lugar a una nueva concepción del periodismo. Con ellos, algunos aspectos nuevos han surgido, y otros se han desarrollado en una dirección diferente a la que llevaban anteriormente. Pero todas estas modificaciones no han finalizado: están constantemente evolucionando, al igual que la tecnología de la que dependen. Este es el principal motivo por el que todavía no se puede hablar de una revolución en esta profesión.
A través de la hipertextualidad, la Red está formada por enlaces que conectan la información presente con otra que debería estar relacionada. El periodismo tradicional estaba basado en la creación de un texto cerrado, en el que no se podía dar casi nada por supuesto. Esto conlleva, en muchas ocasiones, la repetición de algunos conceptos que son útiles para algunos lectores, pero redundantes para otros. En cambio, el relato hipertextual queda abierto a diferentes recorridos, permitiendo que el público decida qué partes son prescindibles o en cuáles necesita profundizar. Es decir, a la hora de escribir una noticia para un periódico de papel, es necesario mencionar, de la manera más concreta posible, todos aquellos acontecimientos anteriores que ayuden a entenderla. Pero en un periódico digital no es necesario hacer esto. Basta con añadir alguna frase que haga referencia a lo ya publicado para aprovecharla y situar en ella un hipervínculo que dirija a otros artículos relacionados. Por desgracia, gran parte de la información que existe en Internet resulta invisible para los buscadores, algo que reduce considerablemente el impacto que esta característica debería tener.
Si algo ha dado quebraderos de cabeza al periodismo es su limitación en cuanto al posible espacio dedicado, como por ejemplo en la prensa de papel, o al tiempo empleado, en el caso de la radio y de la televisión. Internet ha eliminado esta barrera, ya que el diseño de una página web se adapta de manera sencilla a la extensión del texto escrito, y sus audios y vídeos no requieren un minutado preciso, ya que no están producidos para incorporarlos en ninguna programación. Por lo tanto, el periodismo cuenta con un espacio ilimitado. Esto no quiere decir que la atención del espectador vaya a aumentar. Todo lo contrario: la gran cantidad de oferta hace que, ante un producto periodístico innecesariamente extenso, aparezca la tentación de buscar otro más concreto. En todo caso, tal abundancia de información genera un caos documental, en el que cualquier búsqueda generará resultados improcedentes, también conocidos como ruido documental.
El periodismo que se ejerce en la Red tiene muy en cuenta su multimedialidad. , ya que en realidad se aprovechan las características propias de otros medios a través de una convergencia tecnológica. La principal cuestión que se suele plantear con respecto a esto está relacionada con el futuro de aquellos medios que contiene. Por ejemplo, si la actualidad puede conocerse casi al instante desde un dispositivo electrónico, ¿tiene algún sentido la continuación de la prensa de papel? Haciendo un seguimiento de la historia se puede sospechar que, como ya ocurrió anteriormente, Internet no va a terminar definitivamente con ningún medio. Para ello han de diferenciarse en algún aspecto, convirtiéndose en un producto complementario, pero sin llegar a ser prescindible. El problema que existe con respecto a esto es una reproducción del que se ha dado tradicionalmente: la concentración empresarial. De poco sirve dar soporte a diferentes medios si todos se reducen a unas cuantas empresas, que trabajan en un entorno cercano a la oligarquía. Los pequeños medios, aunque puedan ser tan interesantes e incluso más, no consiguen captar la misma atención que sus rivales más asentados.
Si la actualidad puede conocerse casi al instante es debido a la constante actualización que se produce en el periodismo en Internet. Esta nueva temporalidad mediática supone una era del directo permanente. Para que esto se cumpla, el periodista ha dejado de ser el único mediador de la actualidad. Esto beneficia al producto final al multiplicar el número de puntos de vista, pero también conduce al error de extender la creencia de que ver es comprender. La mediación ha de pasar por una tarea de reflexión, y no todo el mundo está capacitado o dispone de tiempo suficiente para llevar a cabo esta tarea. Por ello, en ocasiones desaparecen los métodos tradicionales de control, verificación y contraste de fuentes, ya que urge más la exclusividad que el rigor periodístico.
Pero si hay un aspecto que podría llegar a cambiar por completo al periodismo es el de la interactividad. Al tratarse de la característica más novedosa, su desarrollo todavía no ha conseguido resultados plenamente satisfactorios. Los medios apenas se han esforzado por explotar la aportación del usuario, aferrándose al clásico modelo unilateral. Por lo tanto, no es posible hablar de la interactividad como algo que define o condiciona el periodismo ejercido en la Red.
Si el periodista ya no es el único mediador, se debería producir, por lo tanto, una cierta desmediación, al menos de manera teórica. Sin embargo, esto no ocurre. Aunque pueda parecer lo contrario, la realidad sigue estando mediatizada, posiblemente más que antes de esta democratización de la información. La diferencia está en que ahora el número de mediadores ha aumentado. Esto supone un problema para el periodismo, ya que pone en entredicho una de sus funciones principales. Pero hasta el momento, solo ocurre a pequeña escala. Los grandes medios siguen siendo los que determinan qué temas son importantes al establecer sus propias agendas informativas. Así se produce una continuación de la Teoría de la Agenda Setting.
Otra de las posibilidades que ofrece el periodismo en Internet es la personalización de los contenidos, como resultado de un largo proceso de transformación. Mientras que en la década de 1980 se empezaba a abandonar el modelo Broadcasting para llegar al Narrowcasting con la aparición de medios no generalistas, en la de 1990 se empieza a adoptar el Pointcasting, haciendo que los contenidos se adapten a perfiles concretos de manera contextual. Posteriormente, las posibilidades de personalización se han ampliado, como ocurre por ejemplo con la configuración de las RSS. El inconveniente de prescindir de aquellas partes que, en principio, no interesan es la pérdida de referentes comunes, impidiendo así una mayor cohesión social. Pero como todavía este aspecto no resulta determinante, de momento es poco probable llegar hasta ese tipo de niveles.

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